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Seguridad en el trabajo, simposio en el Centro de la OIT de Turín: “Buenas prácticas, información y cultura sobre la prevención para luchar contra las muertes en el lugar de trabajo.”

270 millones de accidentes al año, 2,2 millones de muertes, 160 millones de trabajadores que sufren enfermedades asociadas al trabajo (datos de la OIT): éstos son los elementos de un desafío mundial que requiere un compromiso global basado en las buenas prácticas, en la información y en la difusión de una cultura de la seguridad y la prevención. Éstos son los temas que se han tratado hoy en un simposio internacional organizado por el Centro Internacional de Formación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que es el organismo de las Naciones Unidas especializado en la promoción de condiciones de trabajo dignas en el mundo.

 Un desafío que une a los países industrializados y en desarrollo, y cuyo coste social en términos de vidas humanas (pero también en términos económicos) es inestimable. Un problema que requiere un conocimiento profundo y una investigación constante basada en las buenas prácticas en este ámbito.


Según Sejii Machida (de Japón), especialista de la Sede de la OIT en Ginebra, “cada año los accidentes y enfermedades asociados al trabajo suponen una pérdida de más del 4 por ciento del PIB mundial”. “Uno de los principales problemas”, prosigue Machida, “es encontrar un lenguaje común en un contexto cada vez más globalizado. Para poner un ejemplo concreto, tras casi diez años de negociaciones, las Naciones Unidas han logrado un acuerdo mundial para establecer un Sistema mundialmente armonizado de clasificación y etiquetado de productos químicos. Sin embargo, dicho sistema aún no se ha adoptado universalmente, con la consecuencia de que muchos accidentes son debidos precisamente a una información equivocada”. La globalización y la creciente industrialización de los países en desarrollo y en transición, el crecimiento de las empresas multinacionales y el rápido cambio de las tipologías de actividades complican aún más el problema. “Existen numerosos instrumentos legislativos internacionales, por ejemplo, 19 convenios, 2 protocolos, 26 recomendaciones y 37 códigos de conducta de la OIT. También hay otros acuerdos internacionales y óptimas leyes nacionales. Pero todo ello se queda en papel mojado sin una cultura de prevención y de seguridad que implique a trabajadores y empresarios; una cultura basada en la prevención, en el respeto de los derechos y deberes y, sobre todo, en una participación activa por ambas partes”, ha concluido Machida.

Sarah Copsey, de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo, ha subrayado que “las campañas de información y sensibilización, que son una de las actividades principales de la Agencia, resultan fundamentales. Hay que tener en cuenta que cada sector precisa estrategias diversas y específicas. La información desempeña un papel esencial como método eficaz para compartir experiencias y buenas prácticas. En este contexto, Internet y las  nuevas tecnologías constituyen elementos claves para intercambiar experiencias y aumentar la participación en las campañas de promoción de la seguridad en el trabajo. El material producido por la Agencia, por ejemplo, está disponible en todos los idiomas oficiales de la UE y puede reproducirse, adaptarse y difundirse libremente. Nosotros invitamos a todas las empresas europeas, ya sean pequeñas o grandes, a participar activamente en las campañas informativas que promovemos”.

Según Riccardo Rosi, Subdirector de la Unión Industrial de Turín, el análisis de las buenas prácticas debe basarse en datos; y los datos dicen que en los últimos 50 años y, sobre todo, en los últimos cinco años, ha habido una mejora, ya que las muertes en el lugar de trabajo se han reducido en un 70 por ciento y el 35 por ciento se ha concentrado en los últimos cinco años”. Según Rosi, “siguen habiendo demasiados accidentes y muertes relacionados con el trabajo, pero un excesivo dramatismo no conduce a nada. A modo de ejemplo, el 50 por ciento de las muertes son debidas a accidentes de circulación, gran parte de los cuales se han producido en el trayecto casa-trabajo y, en el 70 por ciento de los casos, las causas son atribuibles al error humano; para ello se precisa información, formación y convicción”. El uso de datos incorrectos, según Rosi, es frecuente. “La propia legislación al respecto está llena de errores y de sanciones penales, no todas justificables”, ha añadido Rosi, “una verdadera “opresión” que exige mucho y deja poco espacio a las buenas prácticas”. “El sistema de seguros en Italia”, ha concluido Rosi, “ha generado en los últimos años unos beneficios de 13 000 millones de euros, que no se han revertido sin embargo ni en las empresas ni en los trabajadores en términos, por ejemplo, de formación”.

No opina lo mismo Laura Seidita, de la Confederación General Italiana del Trabajo (CGIL) del Piamonte: “La situación es delicada y compleja; debemos hacer frente a una verdadera y enorme emergencia: 1 300 muertes y 913 500 accidentes de trabajo en 2007, más de 400 víctimas en los primeros meses de 2008: es un problema que debe hacernos reflexionar a todos y nadie debe arredrarse. Son cifras inaceptables. El derecho a la salud y a la asistencia de los trabajadores está garantizado en varios apartados de la Constitución, tal como subrayó el Presidente Napolitano a los pocos días de su nombramiento. “Una de las causas reside en la organización del trabajo”, ha proseguido Laura Seidita, “y muchos (demasiados) empresarios priman la competitividad en detrimento de la seguridad. Los trabajadores a menudo deben soportar cargas de trabajo inaceptables, se trata de trabajo inhumano”. “Cada uno debe asumir sus responsabilidades y el sindicato está dispuesto a hacerlo. En nuestra opinión, se trata de un buen decreto legislativo que transmite un mensaje claro y se orienta hacia un sistema de prevención, promoción de la salud, colaboración con los interlocutores sociales y responsabilización de las empresas con respecto a las licitaciones, los planes de seguridad y la lucha contra el trabajo no declarado: una verdadera revolución cultural”.

International Training Centre of the ILO

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